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¿Qué haría Shackelton?

Shackelton

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Hay una anécdota de Pequeñas mentiras sin importancia que siempre me ha hecho gracia. Aquella en la que uno de los protagonistas insulta y adula a dos tarros de arroz cocido, uno con la etiqueta «te quiero» y otro con un «te odio», tratando de replicar el experimento de Masaru Emoto que demostraba que el vilipendiado se pudre enseguida mientras que el amado permanece intacto.

El caso es que hace unos días veía a Fernando Vega de Seoane en el congreso de la Revista TELVA sobre superación y me acordé de esta escena cuando después de contar cómo había seguido con su vida tras quedarse parapléjico, preguntó: «¿No os habéis dado cuenta cómo cuando alguien le cede su sitio a otra persona en el autobús esto tiene efecto contagio? Rápidamente todo el mundo quiere ceder el suyo».

Desconozco y dudo si el juego del arroz funciona o si alguien sigue levantándose cuando ahora vamos todos mirando el móvil pero sí defiendo que un cenizo lo ensombrece todo cuál dementor mientras que una sonrisa tiene superpoderes.

Así debía ser Sir Ernest Shackelton: mi última obsesión y figura de estudio e inspiración mundial. Shackelton fue un explorador británico cuya odisea a bordo del Endurance en 1915 es una de las epopeyas más increíbles de la historia. En su tercera expedición a la Antártida, el objetivo era alcanzar el Polo Sur y el cartel de reclutamiento de marineros lo decía todo: «se necesitan hombres para viaje peligroso. Salarios bajos, frío extremo, meses de completa oscuridad, peligro constante, retorno ileso dudoso. Honores y reconocimiento en caso de éxito». Tras fracasar en el intento y el hundimiento del barco pasó de ser un desastre anunciado a una hazaña de supervivencia admirable. Todos los tripulantes regresaron sanos y salvos.

Antes de partir de viaje, Shackelton escribió lo que consideraba cuatro cualidades imprescindibles para todo el que quisiera tener éxito:

  1. Optimismo
  2. Paciencia
  3. Idealismo
  4. Valentía

En un podcast que he encontrado, que se grabó con expertos sobre el aventurero para animar a la gente durante el encierro por el covid, repasaban estos atributos con una gran cantidad de ejemplos apasionantes y relacionándolos con la situación de incertidumbre, angustia, incluso aburrimiento que todos vivimos aquellos meses. 

Titularon el programa ¿Qué haría Shackelton? y se tomaron la licencia de añadir una quinta cualidad, tan representativa del explorador aunque él decidiese no enumerarla: la amabilidad.

Cuando tengas un mal día, si trabajas de cara al público, cuando estés cansado, si te tratan mal, cuando notes a alguien de bajón... pregúntate: ¿qué haría Shackelton?. Sir Raymond Priestley, uno de los primeros exploradores antárticos, dijo: «Como jefe de una expedición científica yo elegiría a Scott; para un raid polar rápido y eficaz a Amundsen; en medio de la adversidad, cuando no veas salida, ponte de rodillas y reza para que te envíen a Shackleton».

Me apunto.