«La vida es un libro del que, quien no ha visto más que su patria, no ha leído más que una página», Filippo Pananti

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New York City, a page turner

Fachada de Three lives and Company

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«A mi modo de ver, una ciudad no es una ciudad sin una librería. Puede llamarse a si misma ciudad, pero a menos que tenga una librería no engaña a un alma», Neil Gaiman en American Gods

Cuando mi amiga Andrea me dijo que Valentín Fuster venía a darnos una charla a la Universidad de Columbia donde estudiamos, lo primero que pensé fue en mi amiga Adriana. Adri es cardióloga como Fuster y la charla coincidía con su treinta cumpleaños. ¿Mi plan? Buscar en Google un libro escrito por Fuster y pedirle que me lo firmase. Desde Nueva York a Madrid, se lo mandaría a Adri por su cumpleaños. Iba a flipar. 

Entré en Internet en busca del libro pero Amazon no tenía el libro en prime con lo que mi única opción era esperar cinco días a que me lo enviasen. Sin embargo, yo no podía esperar: Fuster venía al día siguiente. Así que, a pesar de la nevada, decidí ir a la quinta rumbo a Barnes & Noble, ellos lo tendrían y Fuster me lo iba a firmar. 

Reconozco que tuve que mirar la dirección. Había ido de pequeña con mis padres pero ya no me acordaba de donde estaba este local de la cadena. Pero al entrar, tuve un déjà vu. Otra vez, esas emociones. Por un segundo olvidé a qué había ido. Mmm… El olor de los libros. ¡Yo que llevaba años comprando libros por Internet! Esto era otra cosa. Y ahí estaba la sección de biografías. ¡Las biografías me encantan! Cogí una sobre Fidel Castro escrita por su guardaespaldas. Fascinante, ¡qué ganas de leérmela! Había otra de Richard Branson. Acababa de escuchar un podcast en How I built this (Cómo construí esto) sobre cómo empezó sus negocios y aún sabiéndome su historia, el título del libro me gustó tanto (Losing my Virginity) que… ¡A la cesta! Hojee una autobiografía sobre Mandela. Me muero de ganas de ir a Sudáfrica y leyéndome su vida igual podía transportarme… Mientras yo soñaba con subir Table Mountain apareció un librero preguntándome si necesitaba su ayuda. Y entonces me acordé de Adri.

El librero sacó su Ipad. «Lo siento señora, no tenemos ese libro. Podemos pedir que se lo impriman. ¿Le gustaría?». La solución habría sido perfecta si imprimir fuera cuestión de horas pero iba a llevarles siete días. Mi gran plan se vino abajo pero, aún así, me iba con una sensación agridulce: algo mágico había pasado allí dentro.

Horas más tarde, en el Soho, pasé por una tienda curiosa: Housing Works Bookstore Café (126 Crosby St).  Era una librería-cafetería muy acogedora, llena de neoyorquinos leyendo libros usados y pidiendo cervezas y cafés.  Pregunté por el libro de Fuster pero nada, no lo tenían. 

Volví a casa sin el libro pero no volvía con las manos vacías. Había despertado a la bestia. Volvían a interesarme las librerías. Desde entonces, he vuelto varias veces a Housing Works Bookstore Café. El otro día, mis amigos Hugues y Diana me mandaron la invitación a su boda. Van a celebrarla en esta librería. Así es de cool. Es mas que una librería y reconozco que es mi favorita. Cuando entro, me creo que estoy en un cameo de la serie de televisión Sexo en Nueva York. Los libreros son voluntarios y parte del dinero que la librería gana se destina a una fundación contra el sida y otra que ayuda a vagabundos. Aquí mola «tippear».

Housing Works Bookstore Café ® Wikipedia

En mis recorridos libreros, también voy a Fulton Street. Allí está Greenlight Bookstore donde siempre hay algún evento o presentación de libro. Tiene un rollazo, como Brooklyn, y cierra tardísimo (a las diez de la noche). Aquí me compré Middlesex que me había recomendado mi amiga Erin. Crucé la calle hasta Habana Outpost, un restaurante cubano muy rico donde me compré unos tacos y me fui al parque. Mis tacos, mi parque y mi libro. ¡Planazo! Fue así como me di cuenta que no sabía hacer buenos tacos. Con lo que me gusta a mi cocinar… Así que buscando libros de cocina mexicana, encontré una librería en el Lower East, en Bonnie Slotnick Cookbooks (28 E Second St) donde me compré varios libros. Meses después, me invitaron a la firma de uno de los libros que compré (¡viva el marketing americano!) y me lleve una gran sorpresa cuando la escritora había traído no solo ejemplares para firmar sino también platos cocinados por ella para que probáramos. ¡Francamente no sé porque no iba antes de librerías! Y es que, desde entonces, he descubierto muchas otras.

En la librería-galería Clic (225 Centre Street) tienen los libros más impresionantes de fotografía y viaje. Un día estaba Jean Philippe Piter firmando sus libros. Mis amigos Haig y Margaret, que saben que es uno de mis fotógrafos preferidos, tuvieron el detallazo de regalarme su libro firmado. 

Clic ® Clic Gallery

Edoardo, el manager napolitano de Rizzoli Bookstore (1133 Broadway) me contó que la librería lleva abierta desde 1964. ¡Es preciosa! Puede que sea la más parecida a la biblioteca de la Bella y la Bestia. Tiene un candelabro gigante que compite en protagonismo con los libros que venden. 

Rizzoli ® Rizzoli bookstore

Pero la más acogedora de todas las librerías me la enseñó mi amiga Joelle. Un día que estábamos de compras, se empeñó en entrar a buscar un libro sobre arte español. Strand Books at Club Monaco (160 5th Ave) es ideal. Strand (828 Broadway) es una librería muy conocida de Nueva York y Club Monaco es una de mis tiendas preferidas. La librería tiene una cafetería, una escalera para que la gente bajita lleguemos a las baldas superiores, flores preciosas y además, si llamas a la librería y pides un libro te lo mandan por Uber Rush en menos de 30 minutos. Una combinación perfecta.

Strand at Club Monaco ® Pinterest

Three Lives & Co en Greenwich Village tiene los mejores libreros. De hecho, es la preferida de Michael Cunningham, premio Pulitzer en 1999. Bookbook Bookstore en el West Village (266 Bleecker St) es otro must de esta ciudad. Es pequeña pero tiene gran variedad. 

Bookbook ® Bookbook

También lo es la francesa Albertine en el Upper East (972 Fifth Ave). Aquí, una tarde al salir de un evento en la embajada francesa me compré Le Petit Prince (El Principito). Este cuento me recuerda a mi abuelo Ramón; de pequeña me obligaba a leerlo mientras me corregía la pronunciación. Puede que me hiciera leerlo mínimo veinte veces. Y al abrirlo y releer «L'essentiel est invisible pour les yeux» («Lo esencial es invisible a los ojos»)me di cuenta de que las librerías tienen algo invisible. Las páginas online de venta de libros siempre estarán ahí. Son más rápidas. A veces, más baratas (aunque BookOff en midtown vende libros de segunda mano por menos de un dólar). Más «cómodas». Puede incluso que sus algoritmos seas más precisos que las recomendaciones de un librero. Pero da igual. En las librerías hay algo más. No sé explicarlo, es invisible.

«Mais les yeux sont aveugles. Il faut chercher avec le cœur».  

«Pero los ojos son ciegos. Hay que buscar con el corazón».

Albertine ® John Bartelstone

P.D.: Escuchar a Valentín Fuster fue impresionante. No tiene nada que ver con mis estudios pero es un hombre magnético y todos mis compañeros del MBA salieron igual de hipnotizados. No solo era un señor muy culto y como dicen los americanos súper well-read (bien leído) sino que además fue encantador. Y al conocer mis intenciones, se ofreció a enviarme a casa un par de libros firmados. Uno para Adri y otro para mi. ¡Qué clase!