«Hay libros que son para el público, y libros que hacen su propio público», Umberto Eco

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La última tarde de Borges en Argentina

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Como salir una noche que no tenías prevista, entramos en la librería Casares de Buenos Aires. Llevábamos andando todo el día, las piernas empezaban a fallarnos y nuestro único objetivo era llegar al hotel y tumbarnos en la cama. Pero surgió un «¿y sí?», y con este la magia.

Empujé la puerta y la sed de madera y libros apareció. Como con las repentinas ganas de barra de una noche tonta, comencé a deslizarme entre los muebles y a hojear lo que me parecían primeras ediciones y libros difíciles de conseguir hasta que llegué hasta él. «¡Qué bonita librería!», dije en voz alta. Y como si él, Alberto Casares, librero y propietario, me conociese de toda la vida me contestó: «mira, ejemplares de los primeros libros de Bioy Casares. Hoy salió en el periódico que son difíciles de encontrar porque el autor nunca permitió que se reeditasen. Decía que su obra empezaba con La invención de Morel».

Como si el descubrimiento también fuese mío, los sostuve y los dejé sobre la mesa. Fue entonces cuando pude fijarme en unas fotografías colgadas en la pared. Me pareció ver a Jorge Luis Borges entrando en la librería en la que ahora mismo me encontraba. No le di mucha importancia, pagué el libro sobre ex libris que quería llevarme y salí de ahí. Me arrepiento porque días después, con la mosca en la oreja, buceé en internet para encontrarme que fue en Casares donde Borges pasó su última tarde en Argentina antes de partir a Europa, a morir.

La tarde del 27 de septiembre de 1985, la librería de Alberto Casares exponía las primeras ediciones de la obra de Borges y, por supuesto, invitaba al protagonista. Este accedió a asistir al evento —y eso que ya no estaba para trotes— y al día siguiente cruzaba el océano rumbo a Europa. Menos de 40 personas, entre las que se encontraba el también escritor Adolfo Bioy Casares, asistieron a la inauguración. Firmó libros, río e hizo reír, habló del ajedrez, de librerías, de Buenos Aires y hasta adelantó lo que iba a pasar. 

«Voy a pasar la navidad en Italia y después me voy a Ginebra a morir». Nadie le creyó hasta que siete meses después se daba la noticia y aquella tarde entraba en la historia.

La última tarde de Borges en Argentina. Donde más le gustaba estar: bien rodeado, con sus libros, en una librería.

Fuentes: