«El espectáculo más hermoso que he contemplado es un niño leyendo», Günter Grass

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Eschermanía versión ex libris

«Reptiles», M.C. Escher, 1943

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Siempre me han fascinado aquellos creadores capaces de conseguir que reconozcas su obra al segundo. ¿Sabrías distinguir un Dalí de un Picasso de un Sorolla? Sin problema. ¿Te atreves a diferenciar un producto de Apple de un aparato de Samsung? Sin duda. Estilos tan singulares, luego tan imitados, que consiguen convertirse en adjetivos. Cuántas veces leemos que una situación es kakfiana, que algo es maquiavélico, que se trata de una sociedad orwelliana. Identificamos desde lejos sus creaciones, sus conceptos, su modo de ver las cosas y no sé por qué me da que nunca fue esa su intención o que al menos no sabían que se convertirían en referentes y en inspiración para los que están y para los que llegan.

Hasta septiembre, los madrileños hemos tenido en el Palacio de Gaviria la oportunidad de conocer a fondo a Maurits Cornelis Escher (Países Bajos, 1898-1972), artista del grabado, intelectual y matemático cuyas obras son de este perfil: reconocibles al instante. Más de 200 han sido expuestas en una exposición que recorre su larga trayectoria: sus viajes a Italia, la influencia de la arquitectura islámica, su representación de las superficies y el espacio… Una muestra que recorre su fascinante mundo de figuras geométricas, paradójicas, blanco y negras, metamorfósicas que acabaron llamando la atención de clientes de lo más diversos que querían adaptar su sello a sus caprichos o a sus necesidades.

Escher recibió encargos de todo tipo; de autoridades (Metaformosis III1967) se realizó para la oficina de correos de La Haya) y de admiradores de todo el mundo que le pidieron desde un sencillo grabado para la cubierta de un programa de concierto, pasando por tarjetas de felicitación y hasta unos maravillosos ex libris que hoy quiero enseñaros.

Ex libris de A.M.E. van Dishoeck. (1943) Xilografía a contrafibra

Resulta curioso como Escher recibió muchos encargos para algo tan personal y tan oculto como son los ex libris: etiquetas que se adhieren a un libro y que apenas se ven a menos que te dediques a cotillear o a investigar por las estanterías de una biblioteca. Por eso, para mí, son tan especiales.

¿Y vosotros? Si pudierais elegir a un artista, ¿a quien le haríais vuestro encargo?

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